Entrevista en Página/12 !!!

AGRADECIDA INMENSAMENTE al diario para el cuál trabajé desde los 16 a los 20 años y acaba de publicar esta bellísima nota sobre mi trabajo como cantautora y Belén Ilé y Sombra de Ombú. Ajóo!! Nota en Página/12

SÁBADO, 5 DE JULIO DE 2014

Un giro para hacerse canción

Durante años trabajó como periodista hasta que, en la década pasada, en su exilio en Barcelona, empezó a ganarse la vida cantando en las calles. Prevaleció la faceta musical, que hoy la tiene presentando un CD que honra la mejor tradición de la música popular.

 Por Cristian Vitale
A los nueve años hacía radio en San Clemente del Tuyú. Tres temporadas después, escribía en una revista barrial de Berazategui, y a los dieciséis, ya colaboraba con Página/12 y en la Cerdos & Peces. “Hasta ese momento, estaba segura de que quería ser periodista. La música era sólo un hobby”, pone en punta Belén Ilé, sobre el tiempo previo al giro que cambió la ecuación. Que la llevó a pergeñar, grabar y publicar un formidable disco debut (Sombra de ombú) que la ubica en un lugar de privilegio entre las cantautoras de la MPA con proa al futuro. “No tenía dimensión de lo que iba a ocurrir, es como parir un hijo... lo tenés y decís ¡guau!, esto es serio”, se ríe ella, sobre el CD que presentará hoy a las 19.30, en Que el mundo tiemble cuando yo no tiemble, muestra homenaje a la artista y activista transgénero Elizabeth Mía Chorubczyk, en el Museo de la Cárcova (Avenida España 1701).
“Están las canciones que tenían que estar”, sostiene Ilé, acerca de un disco que sorprende en varias aristas. Y en dos, especialmente. Una es el repertorio. Al pensar las versiones, la cantautora optó por una línea muy amiga de la belleza. Por la de Fernando Cabrera, a través de “El viento en la cara”. Por la del antecesor directo de aquél –y no sólo por motivo de banderas, claro–, Eduardo Mateo, mediante el formidable candombe “La mama vieja”. Por la de Carlos Aguirre (“Peces de luz”), Chacho Echenique (“Madurando sueños”) o Jorge Fandermole (“Sueñero”). O por la de Juan Falú, de quien tomó la chacarera “Pa’ qué la quiero redonda”. “Me tocaban estos autores y estas canciones, porque en ellas tenía puesto mi corazón y mi laburo”, refuerza ella. Otra arista fue la yunta: Ilé no sólo abrillanta con su voz tales piezas, sino que gana en la interpretación con una ayudita de sus amigos. De los tres Aca Seca (Juan Quintero, Mariano Cantero y Andrés Beeuwsaert), que aparecen salpicados entre los trece temas que pueblan el disco. De Cecilia Zabala, que toca guitarra en la pieza de Cabrera, o del mismo Aguirre, cuyo aporte se subdivide entre el piano de “Estampa de río crecido” y la guitarra de “En la frontera”, ambos temas del inspirado pianista entrerriano. “Soy de las que piensa que las cosas se dan solas. A veces encuentro listas de discos soñados, donde aparecen muchas de estas canciones, y en algún momento, eso que era un germen, brota. Te va haciendo tomar más conciencia de lo que pasa y de lo que querés”, explica.
La mutación de Ilé ocurrió en Barcelona, donde viajó por una gira con el GCC (Grupo de Canto Coral) y anidó empujada por la crisis de 2001. Allí, la cosa periodística fue dejando paso a la musical, y empezó a ganarse la vida cantando y tocando en las calles. “Fuimos a presentar el disco Flor del país, que era de arreglos vocales para música popular argentina. Yo tenía 22 años, en la Argentina estaba todo mal y, bueno, me quedé. Estuve en Alemania y en Francia, pero cuando llegué a Barcelona ¡flasheé!... parecíamos una familia de inmigrantes, y pensé ¿por qué no probar suerte acá? Se me fue armando un mundo y así pasaron siete años”, cuenta esta cantante, compositora y guitarrista que se enamoró de ciertas músicas de raíz argentina nacidas bajo el manto del siglo XXI, en Barcelona. “Voy a ser sincera, Fandermole es un autor que conocí en España y hubo cosas que no viví mientras estaba allí. No tenía idea de que había una banda como Callejeros hasta que pasó Cromañón, para que se dé una idea, y esas dos canciones de Fander me rompían la cabeza, las lloraba en los trenes cuando viajaba por Barcelona, y por eso decidí grabarlas”, cuenta, sobre las versiones de “Sueñero” y “Oración del remanso”, que su voz visitó para el disco.
Sombra de ombú es producto, entonces, de tales revelaciones, más la amistad musical y humana que Ilé estrechó con Juan Quintero y Luna Monti. “Nos frecuentábamos en Barcelona, y fueron ellos los que me insistieron para que grabara un disco”, señala. “Yo tenía algunas canciones mías y otras compuestas con Antonio Restucci, músico chileno con quien trabajé en España, y Juan me dijo ‘prepará algunas versiones, changuita, y tenés un disco’. Así salió”, evoca. Las composiciones de Ilé, en efecto, son de épocas diversas. Una (“Márgenes”) la escribió en sus tiempos de periodista, espejada en Misa dos quilombos, la maravillosa obra de Milton Nascimento, y en Vitor Ramil, a quien había entrevistado para este diario. “Escuchaba mucho a Caetano y a Milton, sobre todo Misa dos quilombos, un disco clave para mí, y ‘Márgenes’ es un homenaje a él, porque las cuatro estrofas hacen referencia a grupos marginales y a un compromiso por eso. La escribí en portugués, con un diccionario en la mano, y luego fui corrigiendo la pronunciación hasta que la grabé.”
Otro de los temas salidos de su pluma, el aire de festejo “Luna costera”, surgió a raíz de la emoción que le había provocado debutar con un disco. “Me emocioné tanto que salió un tema que, encima, hizo catarsis con penas que traía desde chica. Fue como un exorcismo”, describe Belén, anclada en una letra que lo dice todo: “Cuando el olvido amanezca en la costa de mis penas / sabré que el mar cura el alma / y la rescata en canoa de estrellas”. “En definitiva –reengancha–, Sombra de ombú es como volver a ese punto de encuentro primario, que es mi lugar de origen. En el momento que brotó el ombú, me puse a investigar sobre la hierba más grande del mundo, y su lugar de origen es justo el del origen de los temas del disco, el sur de Brasil, Uruguay y centro este de la Argentina. La voluntad de hacer esto, además, fue totalmente intuitiva, no intervino tanto la cabeza, sino que son canciones que me movilizaban hace muchos años, y ya estaban en mi repertorio o en mis búsquedas profundas. Siempre pienso que las canciones son como el vino: maduran con el tiempo, y esas son las que cantás de otra manera, porque tienen tu sangre, porque pasaron muy por adentro tuyo.”

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